El Contubernio

Muchos analistas se devanan los sesos para entender la actual situación de Venezuela.

El gobierno norteamericano insiste en “estabilización política, recuperación económica y normalización democrática” sin suministrar medidores en cuanto a hitos y horarios. Pero en Venezuela continúa la insatisfacción.

La incertidumbre sobre tres fases abstractas – que podrían implicar días, meses o años – empaña cualquier atisbo de alegría que pudiese llevar a muchos a bailar en las calles, como quisiera proyectar el mandatario estadounidense con fines estrictamente electorales. Lo mismo ocurre con las imaginarias inversiones masivas.

Pero van surgiendo elementos que aclaran el panorama: Indicarle al presidente electo en 2023 y a la Nobel de la Paz que aún no existen condiciones para su regreso a Venezuela con plena seguridad y libertad es la más palmaria confirmación de la naturaleza dictatorial del régimen aún imperante. Como lo es también la retención de cientos de presos políticos y la sostenida coacción a los medios.

La revelación de los crímenes cometidos contra Víctor Hugo Quero y su familia, y contra Tarek Al Aissami, las riñas comunicacionales entre furcias del régimen, la confirmación sobre corrupción judicial por parte de la mandataria interina, y las continuas emanaciones de esa cloaca hedionda que representa el “chavismo” reconfirman los resquebrajamientos internos del sistema criminal establecido.

Pero quizás lo más revelador sobre la situación venezolana han sido las declaraciones del Secretario General de la ONU – asomadas ya en enero por el embajador ruso en Venezuela – sobre una conspiración entre los hermanos Rodríguez y otros elementos con autoridades norteamericanas para sustituir a Nicolás Maduro y su consorte en el trono de Miraflores.

Resulta obvio que Estados Unidos tiene pruebas suficientes para remover y condenar a todos los cabecillas de la hidra chavista. Pero para hacerlo necesitaría emplear muchas más fuerzas y recursos que los aplicados el pasado 3 de enero. Y eso es altamente impopular frente a un ya descontento electorado norteamericano.

Siendo la política el arte de lo posible queda cada vez más claro que se prefirió conspirar con elementos pragmáticos – para nada inocentes o confiables – del “chavismo”, dejándoles pregonar el vacío slogan “devuelvan a Maduro” para su galería a cambio de alardear de un “triunfo” en Venezuela de cara al electorado norteamericano.

¿Cuánto durará este problemático contubernio? Hasta que los venezolanos hagan lo que les toca o los norteamericanos decidan lo contrario. No hay otra.

aherreravaillant@gmail.com

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