¿Por qué un dólar «estable» no significa que los precios dejen de subir?
Para cualquier empresario, inversionista o jefe de familia en la Venezuela de mediados de 2026, la escena resulta familiar y frustrante: el tipo de cambio parece estabilizarse después de una brusca subida, pero el costo de la vida y los precios de los insumos continúan aumentando.
Esta aparente contradicción no es una ilusión ni un error de percepción. Es el reflejo de una economía donde la estabilidad nominal, es decir, el número que observamos diariamente en las pantallas, oculta la ausencia de una estabilidad real.
El tipo de cambio es apenas un precio relativo dentro de un sistema económico mucho más complejo. La evidencia econométrica disponible muestra que la calma cambiaria observada durante junio de 2026 representa más una transformación del riesgo que una verdadera estabilización económica.
A continuación, se presentan cinco factores clave que ayudan a explicar por qué los precios continúan subiendo incluso cuando el dólar parece mantenerse estable.
1. El factor olvidado: la inflación de Estados Unidos
Uno de los errores más frecuentes al analizar la economía venezolana consiste en medir la sobrevaloración cambiaria mediante simples diferencias entre inflación y devaluación.
Sin embargo, en entornos de alta volatilidad, esta metodología puede conducir a conclusiones equivocadas. El análisis debe considerar que el dólar también pierde poder adquisitivo debido a la inflación en Estados Unidos.
Los datos correspondientes al período comprendido entre mayo de 2019 y mayo de 2026 muestran que ignorar la inflación estadounidense eleva artificialmente los indicadores de sobrevaloración cambiaria entre 32,4 y 34,4 puntos, lo que equivale a una sobreestimación cercana al 23,6%.
En otras palabras, evaluar el valor del dólar sin tomar en cuenta su propia pérdida de poder de compra genera diagnósticos distorsionados sobre competitividad, costos y formación de precios.
La estabilidad nominal del tipo de cambio no implica necesariamente estabilidad real.
2. La trampa de la dualidad cambiaria: un impuesto silencioso al capital
Durante 2026, la economía venezolana continúa operando bajo una estructura de precios fragmentada.
La coexistencia de una tasa oficial y una tasa de mercado no representa simplemente dos cotizaciones distintas. Son dos mecanismos diferentes de formación de precios y asignación de recursos.
Mientras la tasa oficial del BCV ha acumulado aproximadamente 50 meses de apreciación real, la referencia de mercado ha registrado alrededor de 42 meses, corrigiendo con mayor frecuencia pero también con una volatilidad considerable.
Para las empresas, esta dualidad funciona como un impuesto silencioso sobre el capital de trabajo.
Muchas compañías deben facturar utilizando referencias reguladas mientras reponen inventarios considerando costos de reposición asociados al mercado. El resultado es una presión constante sobre los márgenes operativos y una creciente dificultad para preservar la rentabilidad.
La aparente estabilidad del tipo de cambio oficial suele significar simplemente que los ajustes han sido pospuestos para una fecha futura.
3. Junio de 2026: una convergencia forzada, no una estabilización
Durante la primera mitad de junio de 2026, la brecha cambiaria descendió desde un máximo de 41,31% registrado el 10 de junio hasta 32,02% el 19 de junio.
A primera vista, esta reducción podría interpretarse como una señal positiva. Sin embargo, un análisis más profundo revela una realidad distinta.
La disminución de la brecha no obedeció a una normalización espontánea del mercado, sino a una aceleración del ajuste nominal por parte del Banco Central de Venezuela.
Mientras la tasa oficial avanzó aproximadamente 4,24% en una semana, la tasa de mercado apenas registró una variación cercana a 0,95%.
Se trata, por tanto, de una convergencia inducida por el regulador y no de una estabilización estructural.
Además, aunque la brecha se redujo, el dólar de mercado cerró la tercera semana de junio en Bs. 801,89, mientras que los modelos de inteligencia artificial proyectan un nivel de estrés cercano a Bs. 847,32 para finales de mes.
La reducción de la brecha no elimina el riesgo. Simplemente modifica su forma.
4. Los shocks externos siguen presionando el ancla cambiaria
La capacidad del Estado para sostener una política de estabilidad cambiaria depende cada vez más de variables fuera de su control.
Durante junio de 2026, los precios internacionales del petróleo Brent y WTI registraron caídas cercanas al 13% y 14%, respectivamente, reduciendo el potencial ingreso de divisas para la economía venezolana.
Al mismo tiempo, la política monetaria restrictiva de la Reserva Federal ha fortalecido al dólar a nivel global y encarecido el acceso al financiamiento internacional.
Este entorno se refleja en el comportamiento del riesgo país medido por el EMBI+, que aumentó aproximadamente 5,93% según los indicadores más recientes.
Para las empresas venezolanas, esto implica mayores dificultades para acceder a financiamiento y una creciente vulnerabilidad ante eventuales ajustes cambiarios.
Cuando disminuyen los ingresos petroleros y aumenta el riesgo soberano, la sostenibilidad de las intervenciones cambiarias se reduce significativamente.
5. La “Regla de Caja”: proteger el patrimonio no es especular
Los análisis de ciclo económico indican que Venezuela atraviesa una fase moderada, aunque todavía con niveles de apreciación superiores a la referencia histórica.
En este contexto, la administración de tesorería deja de ser una simple función operativa para convertirse en una responsabilidad estratégica de primer orden.
La preservación del patrimonio exige adoptar criterios prudentes de gestión financiera basados en tres pilares fundamentales:
Gestión por rangos
Los presupuestos deben construirse utilizando bandas de escenarios y no valores únicos. Un rango razonable para la planificación actual oscila entre Bs. 806 y Bs. 847 por dólar.
Preservación de liquidez dura
Los excedentes temporales en moneda local deben administrarse de forma activa para evitar pérdidas de capacidad de reposición de inventarios y activos esenciales.
Blindaje contractual
Las cláusulas de indexación y ajuste deben mantenerse vigentes. La experiencia reciente demuestra que las reducciones temporales de la brecha cambiaria suelen anteceder nuevos procesos de corrección.
Hacia una nueva disciplina financiera
La fortaleza de una empresa en la Venezuela de 2026 no depende de predecir con exactitud cuál será el precio del dólar mañana.
Depende, más bien, de evitar las trampas de la estabilidad aparente y administrar los recursos considerando los costos reales de reposición, los riesgos externos y los escenarios de estrés.
Los datos sugieren que la economía venezolana atraviesa una etapa de transformación del riesgo, caracterizada por una combinación de volatilidad internacional, fragilidad fiscal y presiones cambiarias latentes.
La pregunta que deben hacerse hoy empresarios e inversionistas es sencilla, pero decisiva:
¿Está su presupuesto construido sobre la ilusión de un tipo de cambio estable o sobre los costos reales que enfrenta su negocio?
En la Venezuela actual, la disciplina financiera sigue siendo el único activo que conserva su valor en el tiempo.
____________________________________________________________________________________________________ Autor: Francisco J. Contreras M. | Economista UC | Docente de la Universidad de Carabobo Dr. III Cycle en Sciences Économiques | EHESS, París | fjcontre35@gmail.com