El gran Winston Churchill alguna vez comentó que “el mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante promedio”. Sin embargo, el propio Churchill también declaró que “la democracia es el peor de los sistemas políticos, a excepción de todos los demás”.
El mayor beneficio de la democracia es que es perfectible. Demasiadas experiencias históricas demuestran que las grandes mayorías se equivocan electoralmente. Pero la contundente derrota electoral del señor Orban en Hungría confirma los límites de la demagogia en una democracia moderna.
Pese a todos los vaticinios, Orban rápidamente felicitó al vencedor de los comicios con lo cual confirmó que la hipérbole y la caricaturización siempre forman parte de la controversia política – cualquiera que sea su tendencia, conservadora o progresista.
En Estados Unidos, a pesar de lo que digan tanto su actual mandatario como sus acérrimos adversarios sobre una eventual dictadura aquí se impondrán – como siempre – la ley, la Constitución y el sistema democrático; el tremendismo político habrá agotado su curso y las aguas políticas retomarán su nivel.
La situación en Venezuela es muy diferente Allí la única transición posible pasa ineludiblemente por un ejercicio electoral abierto a todos, justo y transparente, donde sea la propia sociedad quien protagonice todas las eventuales rectificaciones necesarias para retomar el camino de la libertad y el desarrollo.
Incluso para iniciar la cacareada y tan deseada recuperación económica, o aún lograr el volumen de inversiones indispensables para iniciar la reconstrucción de Venezuela hará falta un cambio total de mandos, discursos y prácticas.
Ha sido un gran error señalar a la pareja de reos de Brooklyn como responsables fundamentales de la actual tragedia venezolana cuando en realidad nunca fueron más que “primus inter pares” entre las piltrafas del fracasado y agotado “chavismo”.
Haber traicionado a los legatarios del desaparecido caudillo no los transforma en gente confiable, seria y respetable. Siguen siendo las mismas viejas, mediocres y cansadas caras de los últimos 27 años, con los mismos cansados y gastados estribillos, y las mismas prácticas mafiosas de siempre.
Con esos bueyes cansados jamás se podrá sacar al país del marasmo en el que se encuentra estancado. No existe recuperación económica posible sin una muy abundante inversión nacional e internacional en Venezuela y esa inversión sencillamente no va a aparecer mientras no exista algo que la actual pandilla jamás podrá inspirar: Confianza y credibilidad.
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Autor: Antonio A. Herrera-Vaillant / aherreravaillant@gmail.com / 16 de abril de 2026

