«Ni Fu ni Fa»

Venezuela, tras años de una crisis que parecía no tener fondo, ha llegado a una suerte de parada técnica que nadie pidió y que pocos saben cómo navegar. Estamos, como dicta el argot popular, en un angustiante «Ni Fu ni Fa».

El fervor y el símbolo

Es innegable que la gran mayoría de los venezolanos anhela una apertura total. Queremos volver al mundo, queremos que el país funcione y, sobre todo, queremos que la normalidad deje de ser un privilegio. En ese escenario, el liderazgo de María Corina Machado ha dejado de ser una opción política para convertirse en un símbolo de fe democrática.

El fervor que despierta no es gratuito y representa la antítesis de lo que hemos vivido por décadas. Es la promesa de una Venezuela donde el mérito valga más que una credencial y donde la justicia no sea un instrumento de poder. Sin embargo, ese deseo choca con una realidad de hormigón armado.

El tablero de sombras

Aquí es donde el análisis se vuelve incómodo. Con la salida de escena de la figura central del régimen, muchos esperaban un efecto dominó que desembocara en una transición ordenada. La realidad, sin embargo, ha derivado en situaciones inesperadas.

Asistimos a una gestión en las sombras influenciada por la administración de Donald Trump, en la que los intereses geopolíticos parecen haber congelado el tablero en lugar de voltearlo. Y, aunque algunas piezas se han movido las estructuras fundamentales permanecen intactas.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) sigue siendo el gran árbitro silencioso, con una lealtad que parece más vinculada a la preservación de privilegios que a la defensa de la Constitución. Los cuerpos policiales y los colectivos se mantienen igualmente como estructura represiva y de control social.

La paradoja es brutal. Las mismas estructuras de la tiranía son las encargadas de custodiar la expectativa de democracia que alimenta nuestra esperanza.

Postergamiento e impotencia

Para el ciudadano de a pie, la sensación es de impotencia absoluta. Las elecciones, esa válvula de escape indispensable para legitimar cualquier cambio, se han convertido en un horizonte que retrocede cada vez que intentamos caminar hacia él.

Estos aplazamientos no son solo un asunto legal o técnico; son golpes psicológicos. Es decirles a millones de personas que su voluntad debe esperar a que los grandes poderes terminen de negociar en habitaciones cerradas, donde no hay luz, solo sombras.

El costo del limbo

Vivir en el «Ni Fu ni Fa» tiene un costo económico y humano devastador. La incertidumbre es la peor enemiga de la inversión porque ¿quién arriesgaría su capital en un país donde las reglas del juego las fija la misma gente de antes?

Miles de venezolanos en el exterior tienen las maletas listas, pero no terminan de cerrarlas porque no hay certeza de seguridad jurídica ni política, y la economía se mueve en una inercia extraña donde la mayoría apenas sobrevive.

Una democracia en sala de espera

Mientras el respaldo de las armas siga pesando más que el respaldo de los votos, y mientras la gestión externa prefiera la estabilidad de las sombras sobre la claridad de la libertad, seguiremos atrapados en ese «Ni Fu ni Fa», esperando que, por fin, dejemos de ser un híbrido extraño: un país suspendido en la incertidumbre.
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Autor: Alfredo Gonzalez [inviertaenvenezuela.com]

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